Innehåll
<p>Desperdigados como niños desconocidos el primer día de campamento, esperan los<strong> 'aprendices' de chef </strong>asistentes el inicio de los <a href="https://www.elconfidencial.com/empresas/2019-03-22/cocinando-la-innovacion-accenture-el-confidencial-bra_1894418/" target="_self">cursos de cocina de Kitchen Club Madrid, en la calle Orense.</a> Una veintena de personas pespunteadas en una gran sala con dos mesas preparadas con esmero y colindantes a dos cocinas de última generación. Hay parejitas. Packs de amigos y algunos lobos solitarios amorrados a sus teléfonos móviles como un arnés de seguridad social. La discreción, que en unas horas pasará a mejor vida<strong> bendecida por los fogones y el alcohol</strong>, se impone al principio. Nadie habla demasiado alto. Ni señala con descaro. Alto grado de solemnidad y educación para todos. No tardará, sin embargo, el roce en hacer surgir el cariño. O la confianza, siempre seductora para el asco.</p><p>Mandiles con nombre propio en <a href="https://www.elconfidencial.com/viajes/2026-03-27/mejor-calle-tapas-espana-dabiz-munoz-1tna-1qrt_4327517/" target="_self">pegatinas para todos los aspirantes a Dabiz Muñoz</a>. Hay que facilitar el señalamiento. No casa bien estar en una clase tirando de genéricos: amiga, tronco, tú… Queda feo. <strong>Más aún cuando se han pagado 78 euros para ser educados en las artes gastronómicas </strong>del lejano este. Una vez la coraza de tela puesta, comienza un recital de las normas de seguridad. Uno de los chefs presentes toma la batuta de las declaraciones. En este caso, el testigo de la regañina lo toma el chef Borja Martín Palomino; encantador y chancero bigardo a cargo de uno de los dos cursos a celebrar.</p><p>La norma es simple. Lo mismo que en un parque de atracciones: no saquen manos ni pies del vehículo, con la excepción de que <strong>aquí la atracción son llamas, aceite hirviendo y cuchillos. </strong>Reglas básicas, por tanto: nada de hacer malabares con las dagas ni de poner la mano en el fuego (salvo por ponerse morado de comida, argumenta). A fin de evitar desgracias semejantes, se informa de que la barra libre de vino y cerveza queda prohibida durante la primera etapa de corte. Unos veinte minutos de forzada sobriedad entre desconocidos cortando cebolletas y zanahorias en juliana. Podría sonar al infierno. O un trabajo de pinche. Cosa que se le parece.</p>Wok para romper el hielo<p>Finalizada la charla normativa, comienza el juego. Tránsito a la zona de trabajo. Una encantadora y joven chef se dispone <strong>a explicar varios platos de cocina coreana</strong> a diez "aventureros". Irónico. Lo que en casa da una espantosa pereza se convierte aquí en el núcleo del deseo. Acuchillar vegetales. Magrear trozos de pollo en salsa. Batir. Volcar. Medir la temperatura. <a href="https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2025-06-13/termomix-tm7-nueva-generacion-bra_4101776/" target="_self">¿Quién quiere Thermomix habiendo hambre de experiencias?</a> Qué curiosa resulta la deslocalización. Lo mismo en diferentes circunstancias, con diferente oropel y contexto, acaba por degustarse de maneras tan opuestas…</p><p>Una vez acabada la técnica de los mil cortes y enfundadas las cuchillerías profesionales —afiladas como katanas—, vía libre para el ir y venir de copas de <strong>vino tinto Azpilicueta</strong>. También de vino blanco. Y cerveza. Incluso sin alcohol. Algo que este cronista entiende porque, claro, a fin de exprimir el precio de la velada al máximo, lo mejor es la 0,0. Un 20% más cara que el brebaje común.</p><div class="articlephoto news-body-fig"><img class="eclazy news-img-def " src="https://images.ecestaticos.com/OxtaFZaR2QnOt6Z_pa1Zf1VBMhw=/11x0:1068x1600/496x752/filters:fill(white):format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F016%2Fa14%2F515%2F016a1451577da81ff7ef43ade1f5e326.jpg" alt="Curso de cocina en Kitchen Club (Madrid). (EC)" width="496" height="752"><img class="news-img-def " data-src="https://images.ecestaticos.com/OxtaFZaR2QnOt6Z_pa1Zf1VBMhw=/11x0:1068x1600/496x752/filters:fill(white):format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F016%2Fa14%2F515%2F016a1451577da81ff7ef43ade1f5e326.jpg" data-original="https://images.ecestaticos.com/OxtaFZaR2QnOt6Z_pa1Zf1VBMhw=/11x0:1068x1600/496x752/filters:fill(white):format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F016%2Fa14%2F515%2F016a1451577da81ff7ef43ade1f5e326.jpg" alt="Curso de cocina en Kitchen Club (Madrid). (EC)" width="496" height="752"> Curso de cocina en Kitchen Club (Madrid). (EC) </div><p>Así, entre ingredientes con nombres como trabalenguas derramados en sartenes, cazuelas, boles y chistecitos nerviosos entre los extraños reunidos alrededor de una vitrocerámica de inducción (no se rompe el hielo con la cuchilla mellada del silencio),<strong> suceden estos <a href="https://www.vanitatis.elconfidencial.com/estilo/2016-05-23/arguinano-curso-cocina-chef_1202891/" target="_self">cursillos culinarios</a> para alevines. </strong>Algunos, por cierto, tan motivados que han convertido la vivencia en veteranía. Más de una decena de cursos aseguran llevar algunos. Como una pareja de mediana edad que, o bien arrastra el calvario de tener la cocina de reformas, o ha encontrado la argamasa idónea para cimentar su relación.</p><p>Según confiesa el director de Kitchen Club, <strong>Carlos Pascal,</strong> una de las claves del éxito de estos encuentros es que han procurado mantener unas tarifas homogéneas que no limiten al alumnado por cuestiones pecuniarias. Aunque recientemente<strong> se vieron obligados a ajustar el precio base de 70 a 78 euros tras 15 años de congelación</strong> debido a la asfixiante inflación de los últimos meses, defienden que el objetivo es hacer accesible la experiencia. Sí, casi 80 euros no son pecata minuta, faltaría, pero en una ciudad tan encarecida como Madrid tampoco acaba por resultar tan escandaloso.</p>El origen de Kitchen Club<p>Como señala<strong> Borja Martín Palomino,</strong> interpelado a la postre de sus explicaciones en el Kitchen Club: "No es una experiencia para hacer todos los fines de semana, pero si te gusta la cocina, es algo maravilloso en lo que aprendes", asegura. "Viene mucha gente sola e incluso he tenido cursos en los que se han hecho un grupo de WhatsApp para después volver a Kitchen o quedar fuera. Tenemos unos 53 o 54 cursos diferentes, y <a href="https://www.elconfidencial.com/gastronomia/2020-07-25/estudiar-chef-profesional_1975114/" target="_self">hay alumnos que repiten tanto</a> que me los he encontrado 10 o 15 veces en clase.</p><p>A colación de esta bien alimentada afición, Carlos Pascal explica que la idea original de Kitchen Club nació de una manera muy similar, cuando él mismo organizaba clases de eso que ahora llamaríamos —en plan cool— "<strong>clandestinas</strong>" en su propia casa en Madrid allá por el año 2003. Pascal recuerda que, a pesar de no ser cocinero profesional sino arquitecto de formación, manejaba muy bien la cocina japonesa tras haber tenido una experiencia previa de catering con su hermana en Santiago de Chile. El éxito en su domicilio fue tan brutal que decidió lanzarse a abrir en diciembre de 2009<strong> su primer loft-cocina en la calle Ballesta,</strong> buscando cubrir un vacío en Madrid: un lugar gastronómico que funcionase como un club íntimo, relajado y divertido.</p><p><a class="related-link" href="https://www.elconfidencial.com/gastronomia/2026-07-13/libros-cocina-ensaladas_4386359/"><img class="img-related-preview" src="https://www.ecestaticos.com/imagestatic/clipping/60b/566/60b566713856b2110af7e8900851a4da/siete-libros-de-cocina-para-que-tus-ensaladas-dejen-de-ser-aburridas.jpg?mtime=1783676485" width="483" height="271"><h3 class="title-related">Siete libros de cocina para que tus ensaladas dejen de ser aburridas</h3>Andrea Núñez-Torrón<div class="text-related">Las ensaladas tienen una injusta mala fama de sosas, pero hay un montón de buenos libros de cocina que te enseñan a preparar cientos de versiones para chuparte los dedos.</div></a></p><p>El chef Martín Palomino coincide en este enfoque y añade que ese dinamismo de escuela es lo que mantiene vivos a los propios cocineros, quienes, a diferencia de lo que ocurre en un restaurante tradicional, nunca se estancan. Según explica el chef, "con 11 o 12 profesionales ahí, eso te permite aprender de todos,<strong> combinando la veteranía de <a href="https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/la-nueva-gastronomia/2025-01-18/mejores-restaurantes-madrid-comer-arroces_4045186/" target="_self">uno en arroces</a> con la destreza de otro en ceviches o cocina coreana,</strong> investigando y probando recetas constantemente para que salgan clavadas".</p><p>Quienes conocieron la mili en España narran lo gracioso que era darse cuenta de cómo, entre batallón y batallón, siempre asomaban los mismos personajes. El entusiasta, el chulo, el cenizo, el pesado, el pasota. Miles de fulanos creyéndose individuos genuinos para acabar, a ojos de sus instructores, siendo puro reciclaje.</p><p></p><div class="articlephoto news-body-fig"><img class="eclazy news-img-def " src="https://images.ecestaticos.com/al1ln6Zhxf6gevjqevOknmLYdac=/9x2:1601x1067/1338x895/filters:fill(white):format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2Fd2d%2F2a5%2F26e%2Fd2d2a526eff410aa961398882c72d22d.jpg" alt="Curso de cocina en Kitchen Club (Madrid). (EC)" width="1338" height="895"><img class="news-img-def " data-src="https://images.ecestaticos.com/al1ln6Zhxf6gevjqevOknmLYdac=/9x2:1601x1067/1338x895/filters:fill(white):format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2Fd2d%2F2a5%2F26e%2Fd2d2a526eff410aa961398882c72d22d.jpg" data-original="https://images.ecestaticos.com/al1ln6Zhxf6gevjqevOknmLYdac=/9x2:1601x1067/1338x895/filters:fill(white):format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2Fd2d%2F2a5%2F26e%2Fd2d2a526eff410aa961398882c72d22d.jpg" alt="Curso de cocina en Kitchen Club (Madrid). (EC)" width="1338" height="895"> Curso de cocina en Kitchen Club (Madrid). (EC) </div><p></p><p>"<strong>Hay gente supermotivada </strong>que va allí con su rollo, apunta cada palabra punto por punto y luego se deja guiar por las recetas", explica Martín Palomino sobre la fauna de las hornillas. "<strong>Hay un poco de todo, nos encontramos anécdotas de todo tipo</strong>. Desde los que se gastan el dinero en el curso presencial y se lo pasan entero grabando con el móvil o la tablet para luego verlo en casa —<a href="https://www.youtube.com/user/TVKitchenclub" target="_blank">cuando para eso ya tienes YouTube o TikTok</a>—, hasta una señora que vino una vez porque se lo regalaron sus hijos y nos soltó: 'A mí es que me da mucho asco tocar la comida'. Estuvo todo el curso pinchando un trozo de pollo con un tenedor y cortándolo a distancia con el cuchillo sin tocarlo con los dedos".</p><p>Hilarantes anécdotas como estas sirven al director de Kitchen Club para reflexionar sobre <strong>el curioso fenómeno de la desconexión urbana. </strong>La gente, según Carlos Pascal, busca huir de los planes sobados de la capital y encuentra en la cocina el sustituto perfecto de los bares tradicionales. Un ecosistema ideal para charlar y conectar gracias a <a href="https://www.elconfidencial.com/gastronomia/2024-10-04/tipos-gastronomia-madrid-bra_3963798/" target="_self">la curiosidad gastronómica</a>.</p><p><a class="related-link" href="https://www.elconfidencial.com/television/programas-tv/2026-07-10/canal-cocina-estreno-arroces_4387940/"><h3 class="title-related">Canal Cocina reivindica el arroz como gran protagonista de la gastronomía española con su nuevo programa 'Nuestros arroces'</h3>Berto Molina<div class="text-related">Quique Barella recorre algunos de los restaurantes y rincones más emblemáticos de la costa mediterránea para descubrir las recetas arroceras más representativas</div></a></p><p>El director recalca que <a href="https://www.elconfidencial.com/tags/lugares/madrid-13112/" target="_self">Madrid</a> se ha convertido en una capital imponente donde la gente viaja, sale y quiere replicar en sus hogares lo que ha visto fuera. Por su parte, el chef Martín Palomino apuntala esta idea<strong> detallando que talleres como el de arroces </strong>—ideado para lucirse ante los invitados sin esclavizarse plato a plato— <strong>o los de cocina tailandesa y peruana</strong>, que arrasan porque combinan la sorpresa de nuevos sabores con ingredientes que ya se consiguen fácilmente en cualquier esquina.</p><p>Por parte de los currantes de sartén, frente a las extenuantes jornadas de 12 horas y el desgaste de los turnos partidos de la hostelería clásica,<strong> Borja ensalza el "salario emocional" que Pascal promueve en Kitchen Club:</strong> turnos seguidos de 8 horas, fines de semana distribuidos equitativamente para conciliar y periodos de vacaciones garantizados. Un oasis, podría llegarse a decir, en esa marea de naufragios y disenterías en derechos laborales que es la hostelería patria.</p>Cocinar para escapar de la ciudad<p>Para Carlos Pascal, "hoy en día el mundo gira en torno a la experiencia. <a href="https://www.elconfidencial.com/tags/temas/que-hacer-en-madrid-18903/" target="_self">Puedes comprarte cualquier cosa material y con un clic te llega a casa,</a> pero vivir algo diferente y darle valor al tiempo de ocio —que cada vez es más escaso— genera recompensas precisamente por su escasez. Igual que uno se organiza para un concierto con un año de antelación, a nosotros nos pasa con los cursos; hay meses en los que el calendario está lleno con tres meses de antelación porque la gente necesita planificar sus momentos de escape".</p><p>Y es que, según Pascal, la cocina funciona como el nuevo garito de confianza, un catalizador social infalible frente a las frías lógicas de la gran ciudad y los aislamientos modernos. "<strong>Madrid es una capital gastronómica impresionante, el madrileño viaja mucho, sale y quiere llevarse lo que come a su propia casa</strong>", sostiene el director. "Además, la cocina es una herramienta tremenda para hacer equipos, sobre todo en estos tiempos de empresas grandes o tras el teletrabajo de la pandemia; se necesitan espacios para reunirse y la gastronomía es una excusa cotidiana y cercana. Establecer relaciones a veces cuesta, pero aquí te sientas desde el minuto uno con un tema en común y la conversación fluye de inmediato", concluye.</p><p>El cursillo finiquita y los asistentes, algunos algo tocados por el alcohol o con las cejas depiladas por los fogonazos del wok, se sientan a comer su obra. Hay trampa, claro. Mucho de lo que han cocinado ya estaba medido y preparado con antelación, cosa que se les recuerda de cara a contrariar el <a href="https://www.elconfidencial.com/deportes/boxeo-y-artes-marciales/2026-06-03/wwe-smackdown-barcelona-problemas_4366039/" target="_self">clásico eslogan de la lucha libre televisiva:</a> <strong>"No intenten hacer esto en casa"</strong>.</p><p>En Kitchen Club te invitan a <strong>probar suerte en tu vitrocerámica de oferta del Leroy Merlin</strong>. Y si no te satisface, siempre puedes volver a pagar por cocinar. El espejismo de ser un guisandero de bandera, como decían los de Mastercard, no tiene precio.</p><img src="https://sb.scorecardresearch.com/b?c1=2&c2=7215267&ns__t=1784951857&ns_c=UTF-8&c8=Espa%C3%B1a&c7=https%3A%2F%2Frss.elconfidencial.com%2Fespana%2F&c9=https%3A%2F%2Fwww.elconfidencial.com%2F" width="1" height="1">