Innehåll
<p dir="ltr">Si en algo parecen estar de acuerdo gobierno y oposición municipal en <strong>Valencia es que la ciudad debe tener una nueva biblioteca</strong>. Y que sea grande. Al estilo de los palacios del pueblo con los que teoriza <strong>Eric Klienberg</strong> a partir de la necesidad de <a href="https://www.elconfidencial.com/espana/comunidad-valenciana/2023-01-01/bed-el-club-que-propone-sacar-a-las-bibliotecas-del-siglo-xix_3549526/" target="_self">infraestructuras sociales diferentes</a> para una ciudadanía distinta. ¿Una biblioteca para qué? ¿Una biblioteca cómo? Tampoco entremos en detalles. Se trata de tener una gran biblioteca. Y ya veremos después.</p><p>En la última semana, como hilos coincidentes en principio sin relación entre sí, el Ayuntamiento aprobaba su plan director para <a href="https://www.elconfidencial.com/viajes/2025-09-10/biblioteca-bonita-espana-joya-modernista-1qrt-1tna_4205741/" target="_self">bibliotecas </a>en las que quedaba por escrito la intención de disponer de una gran central. Pocos días después, la alcaldesa <strong>María José Catalá i</strong>ntroducía en la ecuación un lugar: la <strong>antigua sede de Hacienda, en la calle Guillem de Castro</strong>. Paradigma de complejo gris y administrativo, en manos del Ayuntamiento en un 60% y de la Diputació de València en un 40%. Para Catalá, un lugar para "una gran biblioteca de referencia".</p><p>Con su celeridad habitual, el presidente de la diputación, <strong>Vicente Mompó</strong>, encontró la ocasión para personarse. Dijo estar dispuesto a comprar o vender su parte del edificio al ayuntamiento, de forma que se resolviera el que se presupone primer obstáculo para definir un uso concreto a la vieja Hacienda.</p><p>Fue la misma piedra en el camino con la que se encontró otra sede mítica de la ciudad: la de Correos en pleno kilómetro cero valenciano. Con titularidad de la Generalitat (después de que en 2021 abonara el escandaloso montante de 23,9 millones) el pacto con la municipalidad resolvió en 2024 que la instalación podría comenzar a resolver su <strong>futuro como Museo Sorolla</strong>, un proceso que desde entonces <a href="https://www.elconfidencial.com/espana/comunidad-valenciana/2026-04-09/colegio-arquitectos-tsj-concurso-museo-sorolla-valencia_4334420/" target="_self">ha avanzado a paso de tortuga y cuya resolución queda lejana</a>.</p><p><a class="related-link" href="https://www.vanitatis.elconfidencial.com/estilo/moda/2026-02-25/fundacion-marta-ortega-biblioteca-a-coruna-5-500-libros_4309800/"><img class="img-related-preview" src="https://www.ecestaticos.com/imagestatic/clipping/aa5/b29/aa5b2967ae4953bd52fabf9d658d8871/la-fundacion-marta-ortega-abre-en-a-coruna-una-biblioteca-de-moda-con-5-500-volumenes.jpg?mtime=1772027255" width="483" height="271"><h3 class="title-related">La Fundación Marta Ortega abre en A Coruña una biblioteca de moda con 5.500 volúmenes</h3>C. V.<div class="text-related">El nuevo espacio del Centro MOP, en el Muelle de Batería, permitirá la consulta gratuita y con cita previa de un fondo especializado en moda y fotografía que seguirá creciendo cada año</div></a></p><p>Allí mismo fue el grupo municipal de <strong>Compromís quien propuso disponer esa Gran Biblioteca que flota y flota en la imaginación</strong> de la Valencia por venir, a la inversa del elefante en la habitación. Muchas habitaciones, de Hacienda a Correos, pero un elefante sin forma.</p><p>Compromís, a través de Papi Robles y Pere Fuset, propuso por entonces una biblioteca pública volcada al uso ciudadano, con espacios para el trabajo compartido y con capacidad para acoger los primeros pasos de jóvenes emprendedores.</p><p>Lejos de la casualidad, se solapan dos momentos que participan de un gran instante de cambio y que explican por qué Valencia se ha puesto a hablar de una biblioteca palacio. Por una parte, el centro de la ciudad necesita, como gesto reactivo, simbolizar con un nuevo lugar algunas trazas de ciudadanía local. Tras un período intenso en el que cualquier propuesta para un edificio céntrico tuvo que ver con abrir otro museo y fomentar el paso, ahora se entiende como aliciente la idea de ofrecer a la ciudadanía un mensaje: queda algo para vosotros.</p><p>Por otra parte, el propio modelo de bibliotecas públicas está en discusión. El <strong>bibliotecario valenciano Néstor Mir</strong>, uno de los mayores conocedores de la realidad de las bibliotecas públicas alrededor del mundo, apunta a la necesidad de "revertir su papel como instituciones pasivas, a la espera de que los usuarios que pasan por allí entren en su radio de acción (servicios pull), para pasar a ser instituciones activas que salen a la calle y al mercado social, en busca de su público (servicio push)". Un traje por estrenar para una sociedad que ya no tiene el mismo cuerpo. "Deben ser edificios con los que satisfacer las nuevas necesidades sociales: creación, comunicación, investigación, conocimiento, divulgación y, como siempre, de relación".</p><p>Coinciden, bibliotecas y dirigentes, en una misma urgencia: ofrecer puntos de conexión con una ciudadanía que los percibe con progresiva lejanía. "La irrupción de la innovación social y tecnológica, sumada a la competencia por el espacio público, empuja a que las instituciones, para subsistir, tengan que reformularse y redefinir su esencia", cree Mir.</p><p>Si una ciudad necesita grandes bibliotecas es porque necesita plazas públicas, cuyo uso relacional ha ido menguando. Fue <strong>otro sociólogo, Ray Oldenburg,</strong> quien acuñó aquello del "tercer lugar" para definir los espacios, fuera del hogar y el trabajo, que nos ayudaban a socializar y formar comunidades. La asunción de las redes sociales hizo creer que el tercer lugar se había trasladado hacia allí. Una vez constatado que más bien las <strong>redes se han convertido en una pared vertical donde quien busca reunirse cae en picado hacia abajo</strong>, las ciudades intuyen que requieren refundar parte de lo que daban por hecho, encontrar terceros espacios de debajo de las piedras.</p><p>Esa gran biblioteca a la que aspira Valencia deberá ser algo más que un reclamo poderoso. Antes que la habitación, saber qué elefante. Solución antes que ocurrencia. Los tiempos de los grandes anuncios renderizados han consumido a una sociedad local que necesita entornos que le faciliten la vida.</p><img src="https://sb.scorecardresearch.com/b?c1=2&c2=7215267&ns__t=1778990254&ns_c=UTF-8&c8=Espa%C3%B1a&c7=https%3A%2F%2Frss.elconfidencial.com%2Fespana%2F&c9=https%3A%2F%2Fwww.elconfidencial.com%2F" width="1" height="1">