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<p>Es un hecho bien documentado que, al hablar del Café Gijón, en el Paseo de Recoletos 21, <strong>Federico García Lorca, Camilo José Cela, Ruano, Poncela, Umbral</strong> y tantos otros linfáticos caballeros de angulosos rasgos e hipertrofiado gesto, no estaban elogiando un espacio. No solo, al menos. <a href="https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2024-10-25/los-domingos-martinez-cafe-gijon-primera-movida-madrilena_3989208/" target="_self">El Café Gijón era un goloso frente de batalla oral</a>. En una España un tanto miserable y piojosa, más pobretona y zafia que luminosa, las tertulias del viejo Gijón servían de enclave intelectual para poetas, literatos y artistas de toda vestimenta. Un lugar, como señaló en ‘La miseria de Madrid’ Enrique Gómez Carrillo, agravado por las “pequeñas vanidades y las bajas envidias” de los asistentes madrileños. <strong>Madrid, plaza grande. Madrid, plaza dura.</strong></p><p>No fue el único, desde luego. El final del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX supusieron un <a href="https://www.elconfidencial.com/cultura/2007-05-08/marcos-ordonez-recrea-40-anos-de-historia-a-traves-de-las-tertulias-del-cafe-gijon_373527/" target="_self">caladero privilegiado para los cafés y las tertulias</a> que, por ser, no eran ni mucho menos lugares donde se debatieran obligatoriamente ideas ilustradas y liberales. Ahí tenemos los encuentros del Café La Ballena Alegre, en la calle Sevilla, donde las camisas pardas, a la batuta de José Antonio Primo de Rivera, maquinaban los contratiempos de llegar a una España bélica con resultados falangistas.</p><p>El café Europeo, El Varela, La Fontana de Oro, el Levante de Arenal, la tertulia del Pombo, el Antiguo Café, y fijo que quien escribe pasa por encima de tantísimos otros importantes. Esos archipiélagos literarios eran lugar de recalada para cotarros del artisteo en sus variadas formas. Madrid, como asegura Jesús Egido, que <strong>era un poblachón manchego, se convirtió en una gran ciudad </strong>gracias a la emigración de la España pobre (casi el resto del país), de entre la cual no faltaban aspirantes a poetas, toreros, actores, pintores y comprometidos plumillas, que acabaron de sol a sol en los cafés.</p><p><a class="related-link" href="https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2025-10-12/cafe-pombo-gomez-serna-1hms_4223078/"><img class="img-related-preview" src="https://www.ecestaticos.com/imagestatic/clipping/ed3/cae/ed3cae0be7d00281ebf74083047bc564/regresa-el-cafe-de-pombo-el-templo-de-las-tertulias-del-madrid-mas-bohemio-y-canalla.jpg?mtime=1760023821" width="483" height="271"><h3 class="title-related">Regresa el Café de Pombo: el templo de las tertulias del Madrid más bohemio y canalla</h3>Abraham Rivera<div class="text-related">La Serrería Belga abre sus puertas, hasta el 23 de noviembre, a una muestra que rescata uno de los capítulos más singulares de la vida cultural madrileña: la historia del Café de Pombo y de las tertulias que lo convirtieron en mito</div></a></p><p>No se puede ahorrar este cronista, pecador de mitomanías, la mención de los cerilleros. En especial el del Gijón; Alfonso, anarco-fosfomaniaco, testigo de varias generaciones de sabios y aventureros con los que compartió confidencias y fuego. <a href="https://www.elconfidencial.com/tags/personajes/arturo-perez-reverte-1468/" target="_self">Como escribió Pérez-Reverte </a>sobre él: “Ha vendido cigarrillos, lotería y cerillas a todo el mundillo literario y a todo el puterío del rompeolas de las Españas, y eso le dejó algún punto de vista sobre el género humano y sobre la intelectualidad que, hombre tranquilo, solo comenta con los íntimos en tono quedo; con esa calma senequista que es su imagen de fábrica”.</p><p><strong>Pero el siglo XXI ha ido clavando estoques a los cafés y sus tertulias</strong>. Ya no se estila. Anda demodé que te jiñas lo de ver a un cerillero con traje azul de faena a la puerta de una cafetería. Esos lugares de encuentro, donde los chismes de primera mano, como diría Manuel Vicent, y las noticias de la farándula demostraban que, si bien Franco moriría en la cama, la dictadura ya estaba siendo derrotada en la calle, bregaron mal con la internet y no digamos su árbol genealógico digital.</p><p>En Madrid, como asegura José Esteban Gonzalo, la gente pasa más de todo y, si bien se enorgullece del famoseo de alguna cosa chachi e intelectual, lo mismo entra en competencia haciendo famosas todas las cosas, tanto las buenas como las malas. Así, las c<a href="https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2026-04-04/aqui-ya-no-hay-quien-viva-o-como-madrid-se-ha-vuelto-imposible-para-los-madrilenos_4330753/" target="_self">afeterías ecológicas corporativas y los gastrobares de postín han ido comiendo terreno a viejas glorias como el Gijón</a>, ahora convertido en Cappuccino Grand Café Gijón, donde las cerillas, la loto y el menú han dado paso a los shakeratos y frappuccinos, alrededor de los que cabe dudar que se organicen enfervorizados debates sobre la tilde diacrítica, la pintura erótica de Picasso o las ventajas del verso libre.</p><p><a class="related-link" href="https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2024-10-25/los-domingos-martinez-cafe-gijon-primera-movida-madrilena_3989208/"><img class="img-related-preview" src="https://www.ecestaticos.com/imagestatic/clipping/f31/519/f315193534e1530d2b00af117fccf2ae/el-cafe-gijon-revive-la-primera-movida-madrilena-ortega-y-gasset-y-las-primeras-universitarias.jpg?mtime=1729696638" width="483" height="271"><h3 class="title-related">El Café Gijón revive la primera movida madrileña: Ortega y Gasset y las primeras universitarias</h3>Lucía Franco<div class="text-related">La Factoría Cultural Martínez ha organizado un ciclo de tertulias hasta el 24 de noviembre en el mítico café. La propuesta invita a los madrileños a conocer la importancia de la Edad de Plata y el impacto que tuvo en la capital</div></a></p><p>Bueno, adelante, no es plan de ser tan cenizo. Malo lo de presumirse uno omnisciente en todas las conversaciones, como si algo pudiera darse por absoluto. Quizás bajo las nuevas siglas corporativas la reducción intelectual no sea total. Ahora, no me negarán que sí cabe afirmar —apuesta mediante de ser retado— que no saldrán largos escritos como los de Mariano Tudela, Francisco Umbral, José Esteban o Manuel Vicent sobre la gloria del Cappuccino Grand Café Gijón<strong>. Pintan más un tropel de vídeos de TikTok</strong>. A la gloria de Gabriel Rufián, cabe decir, ya que para él la plataforma china es más importante que las bibliotecas.</p><p>Las tertulias con solera, de todas formas, hacía lustros que andaban en horas bajas. El Gran Café Gijón, y tantos otros, s<strong>e han ido transformando, uno a uno, en abrevaderos guiris</strong>; en tiendas de nostalgia que sobreviven por la leyenda de la gloria pasada, donde te cobran un ojo de la cara por un cortado y te ponen a salpicadura el cubata, como se le ha oído decir a Alfonso J. Ussía en más de una ocasión. Existen clubes —privados, claro, como ARGO o Matador— <strong>amoldados hoy a esta gustera conversacional.</strong></p><p>Pero su férreo derecho de admisión, la exclusividad de las invitaciones y no digamos la discreción con que se habla de ellos, corren en dirección contraria a la democrática cháchara de las tertulias cafeteras. Allí donde el abolengo importaba más bien poco si la oratoria era buena, y la ligereza de una cartera no imponía a los contertulios hacer oídos sordos a las proclamas. Bien es cierto que el acoso virtual de los smartphones y las redes justifica en parte lo hermético de esos encuentros. Al final, <strong>la literalidad, el populismo y la polarización pueden jugarte una mala pasada </strong>estando a la vera de X en una conversación grabada, lo mismo que un comentario puede sacarse oportunamente de contexto. Y ahí te fuiste, amigo, sin quererlo, al infierno de la viralidad.</p><p>"Todavía mucha gente viene a Madrid con la ambición de la explosión cultural que supone la capital"</p><p>Un páramo donde habitan millones de cerberos envenenados de una escalofriante mala baba que disparan con la cerbatana de sus insultos digitales. <strong>Madrid, no obstante, nunca deja atrás del todo a los suyos. Se reordena.</strong> Encuentran sus habitantes la forma de no templar la efervescencia, incluso si la combustión se encuentra en avivar debates, compartir poemas o interpretar canciones. Sale al paso la capital frente a la presunción de su convalecencia cultureta y<a href="https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2026-05-01/valle-inclan-en-madrid-cafes-periodicos-y-mucha-nocturnidad-en-una-ciudad-efervescente_4347483/" target="_self"> devuelve nuevas formas de tertulia</a>: flamantes encuentros alrededor de la palabra como arma instrumental del disfrute, y no tanto de una política concreta.</p>Nuevos locales<p>Una de ellas, con seis ediciones a sus espaldas, recibe por nombre La Juntada, y <strong>se lleva a cabo en La Realidad Club</strong>, de la calle Echegaray, de manera —por el momento— bimensual. No es exactamente una tertulia, porque el progreso impone adaptación. Pero <strong>conserva algo restringido y escaso que es un cierto grado de espontaneidad</strong>. Con un micro abierto, los encuentros de La Juntada se han convertido rápidamente en una referencia de la capital para quienes conservan esa ambición de hacer del intercambio cultural algo popular y abierto a todos. La charla, la música y la poesía son, por lo general, protagonistas, pero, como asegura su creador, el joven músico y actor Maximiliano Calvo, La Juntada no se opone a nada.</p><p>“Caminando por la ciudad empecé a notar que cada vez había menos espacio para que los vecinos que quisieran habitar Madrid de una forma constante y bonita pudieran hacerlo”, asegura. “Eso reducía la cultura. Y<a href="https://www.elconfidencial.com/cultura/2026-05-07/ateneo-madrid-perez-reverte-mayo-1qrt_4351292/" target="_self"> todavía mucha gente viene a Madrid con la ambición de la explosión cultural que supone la capital</a>”. Así, a la manera de las añejas tertulias, la propuesta de Calvo es proponer un “espacio donde rodearse de espíritus afines.</p><p>Se trata de una búsqueda de la habitabilidad futura de la ciudad, que vendrá de juntarnos, cara a cara, en vez de estar escondidos detrás de los móviles”. Una proclama —la de no quejarse tanto de la desconexión repantigados en el sofá sin mover un dedo y poner en marcha algo de verdad— convertida en el detonante de La Juntada. Maxi habló con los dueños de La Realidad Club y todos creyeron en el valor de reaccionar. De arrancarse, “pero, ojo, sin nostalgias”, apostilla Calvo. “No queremos ser mezquinos ni melancólicos. No somos los únicos herederos de los viejos encuentros, sino un granito de arena más en el esfuerzo por <strong>volver a encontrarnos alrededor de la cultura y las ideas</strong>”. Una aclaración a la que añade algo prioritario: “Por supuesto, alejados de los egos. Esto se trata de montar una red donde recoger las soledades de la ciudad e<a href="https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/caminemos-madrid/2026-04-11/el-mito-del-madrid-invivible-por-que-en-la-capital-vivimos-mejor-que-en-el-resto-de-europa_4336075/" target="_self"> intentar que las personas que la habitamos no se sientan aisladas</a>”.</p><p><a class="related-link" href="https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2026-05-01/valle-inclan-en-madrid-cafes-periodicos-y-mucha-nocturnidad-en-una-ciudad-efervescente_4347483/"><img class="img-related-preview" src="https://www.ecestaticos.com/imagestatic/clipping/bb1/c5a/bb1c5a1600841e0c2321bc6bb819b1aa/valle-inclan-en-madrid-cafes-periodicos-y-mucha-nocturnidad-en-una-ciudad-efervescente.jpg?mtime=1777484125" width="483" height="271"><h3 class="title-related">Valle-Inclán en Madrid: cafés, periódicos y mucha nocturnidad en una ciudad efervescente</h3>Abraham Rivera<div class="text-related">La Biblioteca Regional acoge hasta el 21 de junio una exposición que recorre los años que el escritor vivió en la capital. Su comisario, nieto del autor, nos habla de tertulias, peleas de café y de la mujer que hizo posible todo</div></a></p><p>A modo de colofón, Maxi Calvo reconoce que le ha sorprendido cómo una propuesta del orden de La Juntada se ha convertido en “un lugar de respeto. Se respeta a quien participa, quien se sube, quien canta, recita o habla, y hay una deferencia hacia la emoción ajena.<strong> A La Juntada cada vez va más gente que quiere conectar con algo real, con algo humano</strong>”. Y es cierto. Uno se descuelga por la mentada cita y ve a un conjunto transversal, en edad y estilos, que van de jóvenes con aspecto de malandros —como abertzales del Manzanares con mullets de lo más apañados— hasta modernillos de mediana edad y algún señorito andaluz.</p><p>En esos muros de las lamentaciones, salientes en forma de barra o reposacodos, piden cervezas o refrigerios un crisol de personajes que comparten sus impresiones sobre la vida, o quienes se tiran de espontáneos a agarrar el micro, pero sin ulular. Una sana tertulia, vaya, aunque de café haya poco. Maximiliano Calvo menciona, por último, otros “herederos” del espíritu tertuliano de antaño, con acción in situ, donde reconocerse y hablarse y leerse los gestos en la fisicidad. Lugares como el Club Atlético Lxs Amores, de Carabanchel,<strong> el micro abierto Calvario, en Lavapiés, o el del Café Libertad, en el centro</strong>.</p><p>También destaca el músico la originalidad en ideas como el Torneo de Mus de Sonido Mushacho, donde los juegos de cartas —otro clásico de los viejos cafés— resucitan con fuerza, o los ya archiconocidos encuentros de El Ateneo de Madrid. Sea como fuere, los mapas de soledades que definen las líneas de Madrid no habrán de ser tal cosa si se sabe a dónde acudir. Las tertulias dieron refugio intelectual y fraternal a los habitantes de la capital durante más de un siglo y ahora, en su flagrante ocaso, ven nacer otras formas de interacción que conservan su espíritu. <strong>Al final, lo importante sigue siendo lo mismo: juntarse, y ver qué pasa.</strong></p><img src="https://sb.scorecardresearch.com/b?c1=2&c2=7215267&ns__t=1778210729&ns_c=UTF-8&c8=Espa%C3%B1a&c7=https%3A%2F%2Frss.elconfidencial.com%2Fespana%2F&c9=https%3A%2F%2Fwww.elconfidencial.com%2F" width="1" height="1">