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<p dir="ltr"><strong>Menchu Gal </strong>tenía 25 años cuando llegó a Madrid en 1946, y en la ciudad todavía se apreciaban los<a href="https://www.elconfidencial.com/cultura/2026-02-08/rendicion-guerra-civil-espionaje-quintacolumna-1hms_4298418/" target="_self"> restos de una Guerra Civil </a>que había sido especialmente terrorífica con la capital. El ambiente que se respiraba no era el más cultural y cosmopolita que podía esperarse. Sobre todo para una mujer como ella, descendiente de una poderosa familia de Irún, fundadores de la Perfumería Gal, pero que perdería a su padre en la contienda española. No obstante, aquel Madrid también le permitió <strong>estrechar lazos con una importante generación de artistas jóvenes </strong>que intentaba reconstruir lo que había sido la pintura española.</p><p>Menchu venía de Francia. Había pasado por París siendo apenas una adolescente, había estudiado con Amédée Ozenfant, uno de los grandes maestros de la vanguardia, y conocido de cerca el clima del fauvismo, el cubismo y el expresionismo europeo. Aquel aprendizaje le permitió establecer una estrecha relación con lo que era el <strong>círculo artístico más avanzado del momento</strong>, convirtiéndose en la protegida de figuras como Gutiérrez Solana o Benjamín Palencia, que le abrieran las puertas de lo que será <a href="https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2026-01-30/plan-gratis-madrid-prado-miniatura-1tna-1qrt_4293909/" target="_self">conocido como la Escuela de Madrid</a>.</p><p><strong>“La pintura le dio sentido a su vida”,</strong> explica Marisa Oropesa, comisaria de la exposición Menchu Gal. Imágenes de una vida, que puede verse en la Serrería Belga hasta finales de junio. Un recorrido por toda su trayectoria, y especialmente centrado en los años que pasó en Madrid, de 1946 hasta 2003. “Era una mujer absolutamente libre. En una época en la que las mujeres no podían ni firmar un cheque, <strong>ella decidió vivir sola, pintar sola y abrirse paso entre hombres</strong>”.</p><p>Madrid se convirtió en su territorio natural. <a href="https://www.elconfidencial.com/inmobiliario/residencial/2026-02-04/casas-de-lujo-barrio-de-jeronimos-retiro-centro-de-madrid-prime_4295510/" target="_self">Vivió durante años en la zona de Sáinz de Baranda</a>. Recorrió el viejo Madrid, los suburbios, Vallecas, los descampados castellanos. Conoció una ciudad que podía divisarse a lo lejos, abierta, donde desde la Casa de Campo podía pintarse el Palacio Real entre brumas y cielos encapotados.</p><p></p><div class="articlephoto news-width-text"><img class="eclazy news-img-def " src="https://images.ecestaticos.com/X0yiI43CXsSikS_X98EjX_bbl50=/20x41:2255x1817/1338x1063/filters:fill(white):format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2Fd75%2F0cc%2F4d8%2Fd750cc4d84d93e4d3c421393a11401a1.jpg" alt="Azoteas de Madrid, por Menchu Gal." width="1338" height="1063"><img class="news-img-def " data-src="https://images.ecestaticos.com/X0yiI43CXsSikS_X98EjX_bbl50=/20x41:2255x1817/1338x1063/filters:fill(white):format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2Fd75%2F0cc%2F4d8%2Fd750cc4d84d93e4d3c421393a11401a1.jpg" data-original="https://images.ecestaticos.com/X0yiI43CXsSikS_X98EjX_bbl50=/20x41:2255x1817/1338x1063/filters:fill(white):format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2Fd75%2F0cc%2F4d8%2Fd750cc4d84d93e4d3c421393a11401a1.jpg" alt="Azoteas de Madrid, por Menchu Gal." width="1338" height="1063"> Azoteas de Madrid, por Menchu Gal. </div><p>La capital bullía culturalmente pese al aislamiento internacional. En torno a la Escuela de San Fernando y a galerías como Clan, Estilo o Biosca —la más importante de Madrid y la que la representó durante un largo tiempo— comenzaba a reunirse una nueva generación: Álvaro Delgado, Luis García-Ochoa, Cirilo Martínez Novillo, Gregorio del Olmo, Redondela, Pancho Cossío o Francisco San José. Muchos eran hijos artísticos de Vázquez Díaz y de Benjamín Palencia. Y todos buscaban escapar del academicismo oficial.</p><p>En medio de aquel grupo apareció Menchu Gal. <strong>Alta, independiente, cosmopolita, con acento vasco y formación parisina</strong>. Era la única mujer. “Les llamaban Los Siete Enanitos y Blancanieves”, recuerda Oropesa. “Ella era la <a href="https://www.elconfidencial.com/cultura/2020-01-15/arte-moncloa-pintora-menchu-gal_2412780/" target="_self">única mujer y además imponía muchísimo</a>. Tenía una fuerza tremenda”. Aquella generación encontró en el paisaje una forma de resistencia. Pintar Castilla era, en cierto modo, volver a empezar.</p>Benjamín Palencia<p>El gran giro de Menchu Gal en Madrid tuvo un nombre propio, el ya mencionado Benjamín Palencia. Antes de conocerle, la pintora sólo entendía el paisaje desde la memoria húmeda del norte. El Bidasoa, Hondarribia, Navarra, las montañas verdes y las marinas atlánticas formaban parte de su vocabulario natural. Castilla, en cambio, le parecía un territorio vacío. Ella misma lo contó años después: <strong>“Para mí aquello era un erial; no veía paisaje por ningún lado”</strong>.</p><p>Palencia le enseñó a mirar. “Fue él quien le hizo amar el paisaje castellano”, explica la curadora, una de las grandes expertas en la obra de Gal, a la que le gusta emparentar la con las otras dos grandes artistas de la escena nacional, Carmen Laffón y María Blanchard. “Ella venía del verde, del mar, de la humedad vasca. Y de pronto descubre una Castilla árida, seca, monocroma, pero llena de espiritualidad”. Ese descubrimiento va a ser fundamental para la llamada Joven Escuela Madrileña o Escuela de Madrid. El grupo recuperaba la herencia de la primera Escuela de Vallecas de Alberto Sánchez y Benjamín Palencia, r<strong>einterpretando el paisaje castellano desde una sensibilidad moderna, expresionista y postcubista.</strong></p><p><a class="related-link" href="https://www.vanitatis.elconfidencial.com/estilo/ocio/2026-04-23/chillida-belzunce-exposicion-madrid-colores-y-formas_4342848/"><img class="img-related-preview" src="https://www.ecestaticos.com/imagestatic/clipping/fc8/f87/fc8f878203cfc1014090d781d24fddaf/eduardo-chillida-belzunce-vuelve-a-madrid-con-el-mantra-de-su-padre-muy-interiorizado-tu-trabaja-y-nunca-te-lo-creas.jpg?mtime=1776856307" width="483" height="271"><h3 class="title-related">Eduardo Chillida Belzunce vuelve a Madrid con el mantra de su padre muy interiorizado: “Tú trabaja y nunca te lo creas”</h3>Fruela Zubizarreta<div class="text-related">Tras 18 años, Chillida Belzunce regresa a la capital con la muestra colectiva 'Colores y formas', que reúne, hasta el 18 de mayo, sus últimos trabajos, así como otros de su padre, hermanos, hija y varios artistas vascos vinculados a su universo</div></a></p><p>En octubre de 1951, Ramón Faraldo escribía en el diario Ya que <a href="https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2026-02-06/museo-madrid-the-new-york-times-1tna-1qrt_4298726/" target="_self">aquellos artistas representaban “la más interesante pintura juvenil de Madrid”</a>. Y puntualizaba: “La única afinidad de estos pintores reside en el deseo de encaminar la pintura hacia un pleno sentido de la naturaleza sin caer en prejuicios imitativos”. Menchu Gal aportaba algo distinto. Frente al dramatismo de otros compañeros, su pintura mantenía una luminosidad vibrante heredada del fauvismo francés. <strong>Sus paisajes castellanos nunca fueron miserabilistas. Había color, movimiento, sensualidad.</strong></p><p>El maestro de la crítica del arte, Francisco Calvo Serraller, escribió que Menchu estaba “tocada por las alas de Los Ángeles”. Y veía en ella una rara capacidad para absorber las vanguardias sin perder identidad propia. La pintora admiraba profundamente a Matisse, por ejemplo. Oropesa insiste en ello: “Ella adoraba esa libertad del color. Era una colorista absoluta. <strong>El color para ella era casi una necesidad física</strong>”. A pesar de todo, aquellos años fueron durísimos económicamente. Menchu recordaba los pocos recursos que tenían. “Nunca pasé tanta hambre como en las excursiones de pintura que hacíamos a Castilla-La Mancha”, llegó a decir.</p>Una artista internacional<p>Unas condiciones que luego se contraponían con el increíble perfil que fue adquiriendo. La década de los cincuenta convirtió a Menchu Gal en uno de los nombres fundamentales del arte español. <a href="https://www.elconfidencial.com/cultura/2021-03-17/muro-madrid-luis-prados-escosura_2993392/" target="_self">Madrid era entonces una ciudad contradictoria</a>. Seguía siendo una capital que luchaba por salir de la pobreza de la guerra, se encontraba sometida políticamente y todavía andaba aislada culturalmente. <strong>Sin embargo, empezaba a abrir tímidamente ventanas hacia el exterior</strong>. Las galerías privadas desempeñaron un papel determinante en esta apertura internacional.</p><p></p><div class="articlephoto news-width-text"><img class="eclazy news-img-def " src="https://images.ecestaticos.com/PKdW-eI8H1-Q3ACwnM4QJd9zWWo=/13x11:2255x1504/1338x891/filters:fill(white):format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F72f%2F78c%2Fef3%2F72f78cef39af5937292aa424f8d43244.jpg" alt="Julio García Sanz, Eduardo Chillida, Menchu Gal y Carlos Bizkarrondo." width="1338" height="891"><img class="news-img-def " data-src="https://images.ecestaticos.com/PKdW-eI8H1-Q3ACwnM4QJd9zWWo=/13x11:2255x1504/1338x891/filters:fill(white):format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F72f%2F78c%2Fef3%2F72f78cef39af5937292aa424f8d43244.jpg" data-original="https://images.ecestaticos.com/PKdW-eI8H1-Q3ACwnM4QJd9zWWo=/13x11:2255x1504/1338x891/filters:fill(white):format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F72f%2F78c%2Fef3%2F72f78cef39af5937292aa424f8d43244.jpg" alt="Julio García Sanz, Eduardo Chillida, Menchu Gal y Carlos Bizkarrondo." width="1338" height="891"> Julio García Sanz, Eduardo Chillida, Menchu Gal y Carlos Bizkarrondo. </div><p>La Galería Biosca fue probablemente la más importante. Allí expusieron Palencia, Zabaleta, Delgado, García-Ochoa y la propia Menchu. También Loewe impulsó actividades culturales fundamentales para la renovación artística madrileña. Y El Ateneo seguía siendo otro espacio intelectual imprescindible, entre una infinidad de espacios que intentaban abrirse camino en aquel Madrid. “Era una artista que vendía mucho”, recuerda Oropesa. “Tenía éxito de crítica y también de público. La gente iba a verla”. A partir de 1950 su presencia internacional va a ser constante. Participa en la Bienal de Venecia de 1950 y 1956, pasa por la Bienal Hispanoamericana de La Habana, y expone en Lisboa, Buenos Aires, Río de Janeiro, São Paulo y Bruselas. <strong>En 1956 se la incluirá en la exposición Un siglo de pintura española en la Tate Gallery de Londres.</strong></p><p>Aquella proyección internacional no era nada frecuente para una mujer española de posguerra. Mientras muchos artistas seguían encerrados dentro del circuito nacional, Menchu mantenía vínculos permanentes con París y conocía perfectamente las corrientes europeas. <strong>Había visto a Picasso, Braque, Léger, Soutine o Utrillo directamente en el país vecino</strong>. Todo esto no la obligó a convertirse en una pintora abstracta pura, tampoco a adscribirse completamente a ninguna corriente. “La exposición demuestra que tenía un estilo único y libre”, señala Oropesa de un trabajo curatorial espléndido, que nos permite ir recorriendo cronológicamente muchas de sus diferentes etapas, donde el retrato o la pintura de interior también van a ser fundamentales. <a href="https://www.elconfidencial.com/el-grito/2024-01-10/chillida-centenario_3808090/" target="_self">“Nunca quiso pertenecer a ningún ismo”</a>.</p><p><a class="related-link" href="https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2026-03-23/exposicion-madrid-acuarelas-anders-zorn-1tna-1qrt_4325216/"><img class="img-related-preview" src="https://www.ecestaticos.com/imagestatic/clipping/db5/5a9/db55a9cd26c4dcb19c80ea01038857b8/descubre-al-sorolla-sueco-la-gran-retrospectiva-de-anders-zorn-en-madrid-con-mas-de-130-pinturas-acuarelas-y-grabados.jpg?mtime=1774251921" width="483" height="271"><h3 class="title-related">Descubre al 'Sorolla sueco': la gran retrospectiva de Anders Zorn en Madrid, con más de 130 pinturas, acuarelas y grabados</h3>Marina Velasco<div class="text-related">La exposición muestra reúne más de 130 obras entre pinturas, acuarelas y grabados en la Fundación Mapfre, ofreciendo una completa retrospectiva del artista sueco y su vínculo con España a través de escenas, retratos y paisajes</div></a></p><p>Esos interiores de los que hablamos van a empezar en esos años a adquirir una enorme importancia. Pintura doméstica, pero cargada de tensión psicológica. “En esos cuadros hay mucha metafísica”, explica la comisaria. “Hay ausencias, silencios, una profundidad emocional enorme”. También sus retratos se alejaban del academicismo convencional.<strong> Ella misma decía que no quería pintar sólo el alma, sino “el carácter” de las personas</strong>. Nunca aceptó retratos por encargo. Pintaba únicamente a quien le interesaba.</p>Ruptura del techo de cristal<p>El año 1959 marcará un antes y un después en la historia del arte español. <strong>Menchu Gal recibía el Premio Nacional de Pintura por un paisaje de Arráyoz</strong>, en el valle navarro del Baztán. Era la primera mujer en conseguirlo. La obra representaba un conjunto de casas rojizas articuladas alrededor de la iglesia del pueblo. Ella misma describe el cuadro como “casi constructivista”, basado en verdes y rosas “amasados con el conjunto entero hasta expresar solamente la esencia”.</p><p>No fue un premio aislado. Durante toda la década había acumulado reconocimientos: el Premio del Ayuntamiento de San Sebastián, el Gran Premio de Acuarela en Cuba, el premio al mejor retrato en la Bienal Hispanoamericana o el segundo puesto en el Concurso Nacional de Pintura de 1957. Pero el <strong>Premio Nacional tenía una dimensión distinta</strong>. Era un reconocimiento institucional en una España profundamente masculina. “Lo consiguió únicamente por su valía”, insiste Oropesa. “En aquel momento los jurados eran todos hombres. Hubieran preferido premiar antes a cualquier hombre que a una mujer”.</p><p></p><div class="articlephoto news-width-text"><img class="eclazy news-img-def " src="https://images.ecestaticos.com/DACCBFkXDWQ-RkfQ0n3jcrGql5I=/27x20:2258x2775/608x752/filters:fill(white):format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F742%2F6d5%2Ffd1%2F7426d5fd1b4f5e0389f44af9c2c8b762.jpg" alt="Cartel sobre la exposición de Menchu Gal en la Serrería Belga." width="608" height="752"><img class="news-img-def " data-src="https://images.ecestaticos.com/DACCBFkXDWQ-RkfQ0n3jcrGql5I=/27x20:2258x2775/608x752/filters:fill(white):format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F742%2F6d5%2Ffd1%2F7426d5fd1b4f5e0389f44af9c2c8b762.jpg" data-original="https://images.ecestaticos.com/DACCBFkXDWQ-RkfQ0n3jcrGql5I=/27x20:2258x2775/608x752/filters:fill(white):format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F742%2F6d5%2Ffd1%2F7426d5fd1b4f5e0389f44af9c2c8b762.jpg" alt="Cartel sobre la exposición de Menchu Gal en la Serrería Belga." width="608" height="752"> Cartel sobre la exposición de Menchu Gal en la Serrería Belga. </div><p>El triunfo de Menchu simbolizaba también el éxito de aquella generación de <a href="https://www.elconfidencial.com/cultura/2024-10-27/schiele-kirchner-grosz-pintores-entreguerras_3989745/" target="_self">pintores de la posguerra que había conseguido renovar el lenguaje artístico español</a> desde el paisaje y la figuración moderna. En ese contexto, Menchu Gal ocupó un lugar central, aunque nunca dejó de ser una figura extraña dentro del sistema artístico español. Demasiado independiente para integrarse completamente en grupos, demasiado moderna para el academicismo y demasiado figurativa para ciertos sectores de la vanguardia posterior.</p>La recuperación de Menchu Gal<p>Después de los años sesenta, el nombre de Menchu Gal comenzó lentamente a diluirse dentro del relato oficial del arte contemporáneo español. La irrupción del informalismo, del grupo El Paso y posteriormente de las nuevas corrientes conceptuales desplazó a buena parte de la generación paisajista de posguerra. <strong>La Escuela de Madrid quedó desplazada, relegada y olvidada durante décadas. Aun sigue siendo así.</strong></p><p>Sin embargo, Menchu nunca dejó de pintar. Siguió trabajando entre Madrid y el País Vasco, <strong>evolucionando hacia una pintura más libre, más sintética, más cercana incluso a ciertos límites de la abstracción</strong>. Continuó realizando paisajes, interiores, acuarelas (magníficas) y bodegones hasta prácticamente el final de su vida. Calvo Serraller defendió siempre su importancia histórica. Consideraba que su obra era imprescindible para comprender el arte español del siglo XX.</p><p><a class="related-link" href="https://www.elconfidencial.com/cultura/2025-08-13/eeuu-revitaliza-chillida-grandes-obras-museos_4189443/"><img class="img-related-preview" src="https://www.ecestaticos.com/imagestatic/clipping/47e/4b9/47e4b9dac5805cc271144285d221c940/eeuu-revitaliza-a-chillida-y-saca-sus-grandes-obras-de-los-almacenes-de-sus-museos.jpg?mtime=1754996937" width="483" height="271"><h3 class="title-related">EEUU revitaliza a Chillida y saca sus grandes obras de los almacenes de sus museos</h3>Paula Corroto<div class="text-related">El Museo de Arte de San Diego presenta la mayor exposición del escultor en Estados Unidos en los últimos 50 años con 85 piezas, muchas de ellas procedentes de instituciones americanas que llevaban décadas sin poder verse </div></a></p><p>Ahora, la exposición de Serrería Belga recupera buena parte de aquella memoria. “Había que devolverle su lugar”, afirma Marisa Oropesa. “Porque rompió un techo de cristal enorme y porque su pintura sigue teniendo una fuerza extraordinaria”. A mujeres como ella se las llamó despectivamente “señoritas pintoras”. La muestra reúne medio centenar de obras procedentes de colecciones privadas, del Ayuntamiento de Irún y de la Fundación Menchu Gal. <strong>Hay paisajes castellanos, vistas nocturnas de Madrid, interiores, retratos femeninos y luminosos bodegones.</strong></p><p>Y también aparece la ciudad que la transformó. Ese Madrid de los cincuenta que sobrevivía entre la miseria y la modernidad. El Madrid de Biosca, del Ateneo, de las tertulias interminables y de los jóvenes pintores que caminaban desde la Puerta del Sol hasta Vallecas buscando una nueva manera de mirar al paisaje que rodeaba la ciudad. En medio de aquella generación masculina, una mujer vasca formada en París terminó construyendo una de las <strong>voces pictóricas más personales del siglo XX español.</strong></p><img src="https://sb.scorecardresearch.com/b?c1=2&c2=7215267&ns__t=1778312131&ns_c=UTF-8&c8=Espa%C3%B1a&c7=https%3A%2F%2Frss.elconfidencial.com%2Fespana%2F&c9=https%3A%2F%2Fwww.elconfidencial.com%2F" width="1" height="1">