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<p>“Hemos pasado por la puerta cientos de veces, pero no habíamos entrado nunca en los 30 años que tenemos”. Sergio Passalacqua y Carmen Cárdenas acaban de visitar Galerías Goya por primera vez. Al enfilar la salida, apenas unos dos minutos más tarde, comparten su primera y también última impresión. “Cualquiera diría que es un edificio abandonado. No invita a entrar ni a quedarse, casi todo está cerrado o vacío. Si hay tiendas arriba nos vamos sin saberlo”. Y continúan su diagnóstico. “Tiene muchas posibilidades. Le vendría bien darle visibilidad, un poco de marketing. Lo que se dice un lavado de cara. Ojalá lo hagan”. Acto seguido, desaparecen.</p><p>El primer <a href="https://www.elconfidencial.com/espana/andalucia/2026-01-29/el-rey-de-los-centros-comerciales-se-fija-en-malaga-quiere-invertir-150m-en-un-macrocomplejo_4292786/" target="_self">centro comercial</a> de Málaga abrió sus puertas hace más de medio siglo, pero continúa siendo un enorme desconocido para los malagueños. El enigma lo encarna nada menos que una mole acristalada de cinco plantas y 121 locales… en la zona cero del turismo. “Nunca ha tenido demasiada vida”, resuelve parco en palabras un camarero entrado en años de la plaza de Uncibay, donde tiene una entrada.</p><p>La otra se sitúa en la calle Calderería, que no cuelga el cartel de ocupación completa por dos cierres recientes de una taberna y un bar de copas. El resto de la avenida, a tiro de piedra de la plaza de la Constitución y la <a href="https://www.elconfidencial.com/viajes/2026-04-10/calle-famosa-malaga-elegante-espana-cara-1qrt-1tna_4334930/">calle Larios</a>, vive del mayúsculo auge de los restaurantes, en los que es misión imposible encontrar una mesa libre. No importa la hora, ni la fecha: por estadística, nueve de cada diez comensales tienen delante una cerveza y son tan rubios como ellas.</p><p>Pero ese empuje de la hostelería hace tiempo que rompió moldes y se expandió a las Galerías, no con negocios, sino con decenas de locales con escaparates empapelados que funcionan como almacenes. La implantación es tal que es posible recorrerlo una tarde sin toparse más que con carretilleros transportando bebidas, además de con visitantes que entran y se dan media vuelta.</p><p>“Es una pena. Estamos en el cogollo de la ciudad y el flujo de personas es muy reducido”, lamenta Alejandro Marfil, quien en 2023 se lanzó a reflotar Tejidos Marfil seis años después de cerrar para continuar una historia que empezó en 1967. “Nos trasladamos aquí porque es muy céntrico y los alquileres a pie de calle son una locura. La falta de paso la suplimos con trayectoria y haciendo mucha publicidad para que la gente responda”.</p><p>Sumando las dos primeras plantas se encuentran estudios de tatuaje, tiendas de telas y ropa a medida, retucheríes, un centro de pilates y un comercio de bisutería. Las alturas restantes, con un porcentaje de actividad más elevado, se dedican a oficinas, como dan cuenta una asesoría, un coworking, un gestor de apartamentos turísticos o un detective privado no tan fácil de encontrar.</p><p>Desde el comienzo la idea fue crear un espacio con una oferta distinta a la que podía haber en el casco histórico, una suerte de Kensington Market, el mítico zoco londinense en el que <a href="https://www.elconfidencial.com/cultura/2025-05-27/freddie-mercurie-hija-secreta-nueva-biografia_4137317/">Freddie Mercury</a> y Roger Taylor vendían ropa vintage antes de alcanzar la fama con Queen. El espejo más cercano en el que mirarse era el madrileño <a href="https://www.elconfidencial.com/inmobiliario/comercial/2025-01-16/dueno-burger-king-compra-mercado-fuencarral_4043555/">Mercado de Fuencarral</a>, que hizo de lo alternativo su seña de identidad. El problema de esas comparaciones es que el primero cerró definitivamente con el estreno de siglo y el segundo, en 2015.</p><p>Antes de ser lo que es hoy, este mismo espacio albergó el Cine Goya, que abrió sus puertas en 1923 siendo pionero en Málaga y uno de los primeros en toda España en incorporar el cine sonoro. La sala, una de las más populares de la ciudad para los estrenos, contaba también con un sistema de aire acondicionado; una prestación de la que el edificio carece 100 años más tarde.</p><p>Tampoco se escucha ya el primigenio hilo musical, ni permiten salvar los niveles sin esfuerzo las llamativas escaleras de color naranja chillón situadas en su centro y que nadie sabe cuánto tiempo llevan fuera de servicio. “Hace años, un empresario pagó su puesta en marcha a fondo perdido. Lo que ocurre es que son tan antiguas que el mantenimiento y el consumo de electricidad se elevaban a cerca de 40.000 euros por ejercicio y no compensaba”, explica Francisco García, vicepresidente de las Galerías.</p><p>La situación de abandono dio un giro en 2009, cuando el Ayuntamiento de Málaga arrimó el hombro habilitando una decena de locales como vivero de empresas con cuota cero el primer año y condiciones reducidas en los siguientes. La actividad comercial se tradujo en pasarelas de moda, algarabía, fiestas —para el gusto de algunos vendedores, al parecer, demasiado intensas—, pero apenas se mantendría unos cuantos años.</p><p>Ni siquiera unos alquileres más bajos que en otras zonas del casco histórico, con precios que parten de los 400 euros, han logrado atraer a nuevos emprendedores. La falta de cliente de paso sigue siendo el principal obstáculo. “Aquí tienes que tener un público fiel, que ya te conozca, porque es difícil ganártelo. Yo estoy muy bien, me puedo mantener, aunque sería muy distinto si empezase ahora. El casco histórico <a href="https://www.elconfidencial.com/espana/andalucia/2018-03-04/pisos-turisticos-viviendas-turisticas-malaga-airbnb_1529733/">ha perdido muchísimos vecinos</a>”, relata Almudena Varga, que desembarcó en las Galerías hace casi tres lustros para montar un negocio de arreglos de ropa.</p><p>El presidente de la Asociación de Comerciantes del Centro Histórico, Rodrigo Bocanegra, describe el recinto como un “núcleo muy potente” que, sin embargo, no ha logrado mostrarse atractivo. “Podría tener un desarrollo importante al encontrarse en una zona muy fuerte”. Aun así, identifica algunas propuestas con potencial que empiezan a funcionar en la ciudad y que piensa que podrían encajar aquí, como joyerías, tiendas de cerámicas, sombrererías o sastrerías. “Siempre se puede conseguir que funcione, pero tiene que haber un plan y una apuesta decidida por el consumidor local. El público foráneo es más puntual y tiende a optar por marcas que conocen”, añade.</p><p>Bocanegra también aprecia un cambio en los hábitos de consumo y en el perfil del cliente. Afirma que el comprador de proximidad está regresando progresivamente tras el gran bache que supuso la pandemia. “La gente está cansada de comprar por internet y devolver los paquetes si no acierta. Vemos cómo gente joven, sobre todo mujeres, vuelven a recuperar hábitos de antes: compran, pasean, quedan a tomar unos churros con chocolate”. Aunque esto no quita que el comercio histórico siga atravesando una situación delicada. “Llega un punto de ahogo por los altos costes en el que quien puede jubilarse se jubila y, si no hay relevo generacional, su lugar lo acaba ocupando una franquicia”, lamenta.</p><p>En ese paisaje marcado por los cambios, Docombi, al filo de los 44 años, se mantiene como la tienda más antigua de las Galerías, donde continúa proveyendo a los malagueños de abalorios que pueden realizar a su gusto allí mismo. A su cargo se encuentra Rafael Hijano, que continúa el legado que iniciaron sus abuelos varios números más abajo, enfrente del Café Madrid. “Hay locales por los que han pasado tres empresas en un año. Nosotros no nos podemos quejar porque tenemos escaparate, es como si estuviéramos en la calle. Ahí dentro entiendo que es más complicado atraer público”.</p><p>Esa convivencia entre permanencia y rotación explica, en parte, la lectura que hace la dirección del centro. “Málaga no estaba preparada para el modelo de las Galerías. Tampoco hubo un conjunto de empresarios que dijeran: vamos todos a una”, recuerda su vicepresidente, que apunta a la diversidad de intereses entre el centenar largo de locales como uno de los factores que dificultó una estrategia común, al articularse en comunidad. </p><p>“Quien tiene una oficina no necesita que lo vean y la venta online ha cambiado mucho las cosas. Los que ponen negocios de servicios y se dan a conocer por redes sociales sí que tienen éxito”. Por ello, considera que, a pesar de haber atravesado “una etapa de sombra y decadencia”, el edificio se encuentra “en su mejor momento” por el alto grado de ocupación de las plantas altas, si bien más abajo persisten locales con rótulos de se alquila. “Estamos en conversaciones para que se instalen una peluquería y un centro de masaje”, asegura.</p><p>Acceder ahora a las Galerías Goya, a menudo sin más propósito que usarla de atajo entre calles o curiosear entre establecimientos cerrados, ofrece una imagen poco habitual para un recinto de estas características. El visitante camina prácticamente en soledad sobre baldosas de granito que han perdido el brillo, recovecos angostos, luces algo tenues y la sorpresa de alguna que otra pintada en paredes apartadas. Pero entre todo eso también se halla una muestra de pequeñas tiendas con una actividad discreta y resistente, incluso esperanzadora, aunque insuficiente para revertir el abandono que envuelve al primer centro comercial de la ciudad, que continúa siendo un gran desconocido.</p><img src="https://sb.scorecardresearch.com/b?c1=2&c2=7215267&ns__t=1777000531&ns_c=UTF-8&c8=Espa%C3%B1a&c7=https%3A%2F%2Frss.elconfidencial.com%2Fespana%2F&c9=https%3A%2F%2Fwww.elconfidencial.com%2F" width="1" height="1">